Una de las pandemias más devastadoras en la historia de la humanidad ha sido, sin dudas, la peste negra. Originada en Asia central, se dispersó por oriente y arribó a Europa a mediados del siglo XIV. Esta enfermedad, causada por la bacteria Yersinia pestis, alcanzó su punto máximo de devastación en occidente entre los años 1347 y 1353, matando a unos 50 millones de personas en el viejo mundo, entre 40 y 60 millones en África y casi 180 millones en Asia.

Pequeños cambios climáticos en Asia central signados por ciclos de primaveras húmedas y veranos cálidos seguidos, a su vez, por repentinos períodos secos y fríos, entre 1311 y 1315, modificaron las poblaciones de pulgas y roedores. Al principio, el clima cálido favoreció el ritmo de crecimiento de ratas asiáticas y por ende, de pulgas. Al decaer el número de roedores debido a los crudos inviernos, los insectos se vieron forzados a buscar nuevos huéspedes en camellos y seres humanos. El foco inicial puede rastrearse a grupos nómades mongoles del lago Issik-Kul, Kirguistán. De allí se expandió por el desierto de Gobi gracias a la cacería practicada por los pueblos ambulantes de las estepas, pues las pieles de roedores salvajes eran muy apreciadas por la gente de oriente. Las precarias condiciones de vida, la falta de higiene y el comercio, propagaron el brote infeccioso. Entre 1331 arribó a China desde donde comenzó su periplo hacia el viejo mundo. Pasó por India, luego por Oriente Medio y a través de las rutas comerciales arribó al puerto de Caffa en el Mar Negro hacia 1347. Más tarde, ingresó a Europa a través de Constantinopla y el puerto de Génova.

Pequeñas fluctuaciones en el clima favorecieron la travesía de la peste negra por Eurasia. Esto condujo al mundo a una situación límite, decretando el fin de la Edad Media. El renacimiento de la civilización permitió una explosión cultural, de ideas, de espiritualidad, de interpretación y cuestionamiento de la realidad nunca antes vista. Sentó las bases de la revolución científica, política e industrial que transformó el estilo de vida de la humanidad, gestando la aparición de nuevos paradigmas que alimentaron la sed de libertad y reinterpretaron el concepto de igualdad entre seres humanos. De allí surgió el ideal moderno de democracia, algo que lamentablemente en la práctica aún hoy, no hemos conseguido plasmar, pero anhelamos profundamente.


*Lic. Carlos Zotelo, Profesional del CERZOS (CONICET-UNS).

Volver