Por María Celina Zabaloy*

¿Sabía Ud. que los suelos agrícolas albergan comunidades microbianas con un potencial metabólico interesante, tal como la capacidad de degradar pesticidas? Algunos de estos microorganismos degradadores podrían ser utilizados como una alternativa ecológica y económica en tareas de remediación de suelos, sedimentos o aguas contaminadas. La bacteria Cupriavidus necator EMA-G fue aislada de un suelo de la cuenca del río Sauce Grande, por su capacidad de degradar el herbicida ácido 2,4-diclorofenoxiacético (2,4-D). Esta cepa utiliza el 2,4-D como único sustrato de carbono y fuente de energía en medio de cultivo con una alta concentración del herbicida, en un tiempo muy corto (¡menos de 1 día!). Los genes que codifican las enzimas necesarias para el metabolismo del herbicida (genes tfd) en C. necator JMP134, pariente cercano de la cepa EMA-G, se encuentran en un plásmido (pJP4) capaz de ser transferido horizontalmente a otras bacterias receptoras en el suelo… ¡otorgándoles la sorprendente capacidad de degradar 2,4-D a las nuevas hospedadoras! Esto incrementa la capacidad de autodepuración del suelo, ya que la presencia de un bajo número de células de C. necator alcanzan para comenzar la tarea de degradar el herbicida a la vez que “contagian” a bacterias vecinas esa capacidad, logrando la detoxificación rápida y eficiente del 2,4-D.

*Dra. María Celina Zabaloy, Investigadora Asistente de CONICET, Laboratorio de Ecología Microbiana, Departamento de Agronomía

 

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