Mónica Poverene*

El considerable aumento de becas otorgadas y de admisiones a la carrera de investigador científico en los últimos años, así como el nuevo reglamento de estudios de posgrado recientemente aprobado en la UNS, predisponen a una corta reflexión sobre la formación de los futuros investigadores.

La mayoría de los jóvenes que se inician en este campo lo hacen a través de becas doctorales, lo cual significa que poco después de obtener su título de grado se comprometen a realizar una tesis. Los nuevos diseños curriculares de las carreras de grado han sido adaptados para una formación general, al menos en agronomía y carreras afines, que escasamente focaliza o profundiza en el conocimiento de áreas particulares. De manera que el candidato doctoral debe completar su formación mediante cursos de posgrado que complementen adecuadamente sus conocimientos básicos. Estos cursos tienen en general dos objetivos: el primero es desarrollar habilidades especiales en laboratorio, procesamiento de información, uso de softwares específicos, etc. Años atrás este objetivo se cumplía en el mismo lugar de trabajo y los becarios o tesistas recién ingresados aprendían de sus pares más avezados, con un par de años de antigüedad. Actualmente es tan escaso el entrenamiento que ofrecen las carreras de grado que es necesario recurrir a un adiestramiento sistemático. El segundo objetivo es adquirir conocimientos profundos y desarrollar un pensamiento científico, lo cual se logra a través de la lectura guiada y la discusión. A diferencia de los anteriores, que pueden confiarse a investigadores noveles, estos cursos deberían ser dictados solamente por investigadores experimentados con una trayectoria reconocida, por ejemplo equivalente a la requerida para ser responsable de un proyecto financiado por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica. Ese requisito debería ser asimismo necesario para dirigir una tesis doctoral. La tesis en sí misma tiene la misma finalidad que un artículo científico: comunicar una investigación original. La estructura tradicional de la tesis se ha puesto en tela de juicio, entre otras razones, porque frecuentemente no genera publicaciones, aún cuando haya merecido la más alta calificación. Es probable que la presentación de la tesis como una serie de artículos ya publicados o en vías de publicación sea una forma más eficiente de preparar al candidato para su carrera científica. Esto exige un compromiso mayor del director, por cuanto la supervisión se asemeja a la revisión por pares, donde el tesista asume mayor responsabilidad por la investigación y la escritura, en lugar de una posición más bien pasiva donde su supervisor tiene el rol principal en la instrucción y dirección. Desde luego, los artículos deberían organizarse en forma coherente, en un orden lógico y con una introducción y discusión generales, demostrando conocimiento, comprensión y capacidad de análisis. También exige una formación en aspectos éticos, donde el tesista reconozca el mérito de sus eventuales coautores. Cuanto mayor es la proporción de la tesis que haya sido publicada más simplifica el trabajo de los potenciales evaluadores, ya que uno de los criterios de la evaluación es precisamente el mérito de los resultados obtenidos para ser publicados. De esta manera, al finalizar su tesis el candidato estará en las mejores condiciones para aspirar a la carrera de investigador.

 

* Dra. Mónica Poverene, docente del Departamento de Agronomía (UNS) e Investigadora del CONICET.

Agradezco las charlas con mis colegas Dres. Miguel Cantamutto y Soledad Villamil que me ayudaron a reflexionar sobre este tema.

 

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