Juan Alberto Galantini*pdf button

Cuidar el suelo, esa delgada capa que cubre al planeta producto de milenios de evolución y que puede ser destruida en pocos años.

El suelo ha sido, es y será un factor clave para el desarrollo de la civilización. Cuando algo tan importante no se lo valora en su justa medida, no se le brinda los cuidados necesarios. Generalmente se lo considera como un soporte sobre el cual se instalan ciudades, cultivos, industrias, etc., pero en realidad es mucho más que eso.

Desde el punto de vista de la actividad humana el suelo es el medio físico que sirve de soporte para todas las estructuras realizadas por el hombre. Pero también es una fuente de materias primas (agua, arcilla, minerales, etc.) y una fuente de información, ya que a través de los restos paleontológicos y arqueológicos es posible conocer la historia del planeta y de las pasadas civilizaciones. Desde un punto de vista ecológico es mucho más, ya que permite la producción de biomasa, sean alimentos, fibras o energía. Su importancia radica en mantener anclados los cultivos y mantener disponibles la mayoría de los elementos básicos requeridos (agua, nutrientes, oxígeno, etc.).

El suelo también actúa como un reactor que filtra, regula y transporta la materia y la energía, evitando de esta forma la contaminación de las aguas subterráneas, de la cadena alimentaria y del aire. Además, sirve de protección a una importante reserva genética, tanto de plantas, animales y muchos organismos poco o nada conocidos. Es decir, el suelo es un componente básico del ecosistema que es modificado continuamente por la actividad humana. Desde la llegada de los primeros colonos para cultivar los suelos de nuestro país, el proceso de alteración de sus propiedades químicas, físicas y biológicas ha sido constante.

Hoy, tenemos importantes procesos de degradación en gran parte de la superficie cultivada, intensificación de la agricultura y expansión hacia áreas marginales, donde los equilibrios son más delicados y más frágiles. Ya no tenemos los fértiles suelos de la región pampeana, con una fertilidad natural acumulada durante siglos y que permitían producir mucho sin aportar nada. Pero si tenemos el conocimiento y la capacidad para seguir explorando nuevas alternativas de producción que sean más eficientes, más productivas y ambientalmente seguras.

Es ineludible el cuidado del suelo, como un recurso que no es solo para nosotros, sino también para las generaciones venideras. El cuidado del suelo depende de todos. De los productores, quienes saben que con un suelo empobrecido el futuro es más difícil pero sin suelo el fututo no existe. De los científicos y técnicos, quienes debemos poner más empeño en generar nuevas alternativas más productivas y amigables con el ambiente, pero también poner mucho más esfuerzo a la difusión de todas aquellas tecnologías que han demostrado ser eficientes. De los dirigentes, quienes deben brindar el marco adecuado para el desarrollo sustentable e interactuar fuertemente con todos los responsables del cuidado del suelo. De la sociedad en su conjunto, quien debe exigir un suelo sano para un ambiente saludable, pero sobre la base del conocimiento, interiorizados de la realidad actual y perspectivas futuras, realizando los esfuerzos necesarios para llegar a ese objetivo.

*Dr. Juan Galantini es Investigador Independiente de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC), CERZOS y Departamento de Agronomía (UNS).

 

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