Roberto Alejandro Distel*


La necesidad de estimular el desarrollo de habilidades para el pensamiento crítico

La calidad de la educación está fuertemente ligada a la enseñanza del pensamiento crítico. Cuando este eslabón fundamental del proceso educativo no se cumple en forma plena, los estudiantes reciben mayormente información, quedando comprometido el desarrollo de habilidades para el pensamiento crítico. Si bien el estar informado contribuye al saber, ello no necesariamente conduce a la comprensión. La comprensión se alcanza mediante la transformación de la información en conocimiento.

La habilidad de procesar información, a diferencia de la información misma, no se puede recibir de otros, la tiene que generar cada individuo por sí mismo. Al decir del educador argentino  Julio César Labaké: “Aprender a pensar es el fruto de un compromiso personal. Una conquista de cada uno.” Es en la mente de cada individuo donde la información se procesa y transforma en conocimiento, y resulta útil para la solución de problemas.

La distinción entre información y conocimiento tiene implicancias directas sobre el uso del tiempo en el aula. El desarrollo de habilidades para el pensamiento crítico requiere dedicar parte del tiempo de aula al entrenamiento de la mente para seleccionar información relevante y transformarla eficazmente en conocimiento. La comprensión de la información recibida es la condición necesaria para interactuar con el mundo real en forma exitosa, ya que posibilita el reconocimiento y la resolución de problemas en distintos contextos. Expertos en el tema coinciden en que la enseñanza es más eficaz si atiende al proceso del pensamiento más que al producto del mismo. Es por ello que uno de los objetivos fundamentales de la educación ha de ser incentivar el desarrollo del pensamiento crítico de los recursos humanos en formación.

En el libro ‘Destellos de la personalidad de un Maestro´ - Alberto Soriano, y  con relación a la  importancia de la enseñanza del pensamiento crítico se le atribuye a Soriano haber dicho que “en el mundo tan cambiante y complejo por venir, más importante que los contenidos curriculares será el desarrollo de capacidades para reconocer y analizar problemas, resolverlos con el mayor rigor posible, comunicarse con el mundo del conocimiento y comunicar a otros los conocimientos propios… y para ello lo que realmente importa es que quienes enseñen sean docentes con un gran entusiasmo y habilidades intelectuales que el profesional debe llevarse de la Facultad”.

Si bien los expertos de distintas disciplinas académicas han logrado consenso acerca de las habilidades a entrenar para el desarrollo del pensamiento crítico, se observa a menudo que los egresados de distintos niveles de educación tienen un desempeño pobre en las pruebas que evalúan la capacidad de pensar en forma crítica. El fenómeno respondería a múltiples causas, con responsabilidades compartidas entre todos los actores: instituciones, educadores y educandos. Las instituciones deberían arbitrar medios para reforzar el control de calidad del proceso educativo, los educadores dedicar más tiempo a actividades que estimulen el desarrollo de habilidades para el pensamiento crítico, y los educandos tomar conciencia que aprender a pensar en forma crítica es imprescindible para alcanzar una buena formación educativa.

*Dr. Roberto Distel, investigador del CERZOS (CONICET-UNS) y profesor del Depto. de Agronomía de la Universidad Nacional del Sur.

 

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