A fines del año pasado comenzaron a circular noticias acerca de un nuevo virus que estaba afectando a la población de Wuhan, una moderna ciudad de China. Parecía algo muy lejano para nosotros, en el sur de Sudamérica y yendo hacia el verano y a las ansiadas vacaciones. Luego, fuimos testigos de la explosión de casos en Italia y otros países de Europa y, en tres meses aproximadamente, nos cambió la vida, con más de 6 millones de contagios y  400.000 muertes en todo el mundo de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud. Claro, hoy los virus viajan en avión y recorren el mundo en tiempo record. Los gobiernos respondieron de diferentes maneras a esta pandemia: en algunos países no se tomaron medidas que modifiquen el normal desarrollo de la vida, lo cual condujo a un aumento muy rápido de casos y muertes en su población, mientras que en otros como Argentina se implementaron medidas rápidamente, como el distanciamiento social, prohibición de circulación dentro del  país, cese total de actividades (excepto las esenciales) y el cierre de fronteras. Ante la falta de una vacuna, éste es el método más efectivo para combatir al Covid-19. Y nos guardamos rápidamente en nuestros hogares, muy asustados al principio. Luego del caos de la primera semana, en poco tiempo hemos aprendido multiplicidad de formas diferentes de trabajar, de relacionarnos, de vivir.
Enseñar de manera virtual ha sido un desafío, que nos tiene muy ocupados pero que nos abre nuevas perspectivas y amplía nuestros horizontes a la hora de relacionarnos con los alumnos. No es lo mismo hacer un ejercicio en el pizarrón que desarrollarlo por zoom, skype, jistsi, entre otras plataformas a las cuales nos hemos adaptado. O corregir un manuscrito con los becarios de la misma manera, para que se convierta en un paper (si es Q1 mucho mejor). Lo mismo para trabajar con el personal administrativo, realizar las reuniones de Consejo: pero creo que hemos salido muy airosos de estos desafíos. Todos pusieron lo mejor de sí mismos y ¡continuamos funcionando!  Considero que a largo plazo, estas formas alternativas de trabajo serán beneficiosas.

No obstante esto, la vida de las personas se vió afectada de alguna manera por la cuarentena. El CONICET, así como otras instituciones, no fue la excepción, sobre todo para aquellos grupos que realizan tareas experimentales. Nuestro principal organismo dedicado al desarrollo científico-tecnológico puso sus mejores esfuerzos para dar apoyo y soluciones al sistema de salud. Desde los 16 Centros Científico Tecnológicos que reúnen más de 280 Unidades Ejecutoras, distintos grupos se abocaron, desde diferentes especialidades, a desarrollar Ideas-Proyecto para enfrentar los desafíos que supone el COVID-19.
El CCT-Bahía Blanca se sumó al trabajo propuesto a través de los siguientes institutos: PLAPIQUI (Planta Piloto de Ingeniería Química), el INIBIBB (Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca), el IADO (Instituto Argentino de Oceanografía) y el IIES (Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Sur). Si bien el CERZOS se encuentra alejado de estas temáticas, hemos puesto todos nuestros esfuerzos en mantener los recursos biológicos y en apoyar a nuestros colegas que generan desarrollos para enfrentar la pandemia.
El mundo cambió, nosotros cambiamos y nos adaptamos para seguir funcionando. Es así que el CERZOS dispuso el trabajo virtual como la forma de continuar con sus actividades. Los investigadores y becarios siguieron con sus proyectos dentro de sus posibilidades. Y los técnicos y administrativos continuaron con sus actividades. Un ejemplo de ello es la presente edición de este Boletín Electrónico, realizada completamente a través del “home office”. Y nos estamos preparando para regresar, al menos los experimentales, cuando se pueda.
Esperamos salir renovados, con muchas vidas salvadas y mucha energía para la reconstrucción post-pandemia, que será difícil en varios aspectos para el país, pero no imposible.

 

*Dra. Viviana Echenique. Directora del CERZOS.

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