Viviana Echenique*

Cuando uno es optimista siempre piensa que las cosas malas no van a suceder, o que simplemente le ocurren a otros…hasta que nos ocurren. En diciembre del 2018 sufrimos un incendio en el nivel II de nuestro edificio, ubicado en el predio del CCT CONICET Bahía Blanca, el cual destruyó oficinas y laboratorios pertenecientes al CERZOS y al IADO. Fue un lamentable accidente que hizo que se perdieran equipos, muestras, ensayos, resultados y años de trabajo. Si bien nos afectó bastante, nuestros vecinos del IADO lo sufrieron aún más. Fue realmente un muy desgraciado incidente que empañó las esperadas fiestas de fin de año y la tan ansiada época de vacaciones.

Luego de la sorpresa en medio de la madrugada, la noticia corrió de boca en boca por todos los grupos, cuyos miembros, entre los que me incluyo, tan preocupados como ingenuos, dijimos “vamos a salvar todo lo que podamos”.Por supuesto, no pudimos ni acercarnos al lugar, dado que los bomberos, que trabajaron con suma eficiencia y profesionalismo, habían hecho un cerco que no pudimos flanquear. A los mismos, desde aquí, les agradezco por todo lo que hicieron para reducir el fuego. También al sereno, quien avisó de inmediato, y a nuestra encargada de seguridad, quien fue una de las primeras en llegar.
Mucha gente estuvo allí haciendo lo que podía, ayudando, colaborando, prestando apoyo moral. Todo un caos para el cual no estábamos mentalmente preparados. Investigadores, becarios y técnicos pusieron lo mejor de sí mismos para colaborar en tal situación. Había que colocar en lugar seguro los freezers, no perder reactivos y buscar nuevos lugares para instalar a los grupos que quedaron sin lugar de trabajo. Se tomaron decisiones basadas en la solidaridad de todos para poder encontrar un lugar donde poner las cosas y otro para continuar sus trabajos de investigación.
Quiero destacar la labor de la encargada de seguridad del predio, Ing. Marta Dailoff y del Jefe de Manteniemiento, Sr. Claudio Taraire, quienes estuvieron todo el tiempo pendientes y trabajando sin descanso para despejar el sector siniestrado, dirigiendo la remoción de escombros, limpieza y reubicación de laboratorios, acondicionamiento de los mismos, y velando en todo momento por la seguridad del personal. Su ayuda fue invalorable en esos momentos. También ayudó mucho la Policía Federal y Policía Ecológica, quienes se encargaron de quitar de circulación los materiales que pudieran representar perjudiciales para el personal. Todos trabajaron con diligencia y eficiencia.
En medio de tal catástrofe fue muy reconfortante observar los gestos de solidaridad entre el personal de las tres Unidades Ejecutoras ubicadas en el E1 y de las otras UE, y la paciencia y poder de adaptación de la gente para enfrentar una nueva etapa, aún en condiciones inciertas. Fue la parte positiva de la situación, todos pusieron lo mejor de sí mismos para poder llegar a buen puerto.
Aún se continúa trabajando, tratando salir adelante, de manera conjunta y solidaria. Fue una etapa dura que también significó un aprendizaje en muchos aspectos, en lo personal, en lo profesional, en todo… Se analizó toda la situación, se revisaron las medidas de seguridad para evitar nuevos accidentes y se volvió a trabajar, rápido, para poder seguir haciendo lo que nos gusta: Investigar. Un verdadero y literal “renacer de las cenizas”.

*Dra. Viviana Echenique, Directora del CERZOS, Investigadora principal del CERZOS-CONICET y profesora titular del Departamento de Agronomía, UNS.

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