Diego Bentivegna*

Originariamente el ser humano basaba su alimentación en la caza, pesca y recolección de frutos y vegetales de la naturaleza. Con el incremento de la población mundial y el desarrollo de grandes ciudades el hombre empezó a producir sus alimentos a través de la siembra y cosecha de sus cultivos. La agricultura se desarrolló como base de alimentar una población mundial creciente. Es así que la llamada revolución verde desarrollada por Willian Gaud en 1968 sostenía que la mayor producción que se necesitaba por parte de la agricultura se lograba con el uso de cultivares mejorados, dosis masivas de insumos costosos y/o escasos: combustibles fósiles, fertilizantes, semillas híbridas y maquinarias especiales y agua para riego.

La agricultura tradicional si bien aumento la producción a través de los años se basó en el uso creciente de agroquímicos, contaminación de alimentos, aguas, suelos y personas por pesticidas y derivados. Su desarrollo incrementó la resistencia a los plaguicidas y patógenos, disminuyó de capacidad productiva de los suelos, redujo la biodiversidad por efecto de agroquímicos y simplificación de hábitat. Además, acrecentó la dependencia de combustibles fósiles y la contaminación del agua en embalses y acuíferos.

Por otro lado, la agricultura sustentable permitirá mantener un flujo constante de bienes y servicios suficientes para cubrir las necesidades de alimentos, socioeconómicos y culturales de la población dentro de los límites del correcto funcionamiento de los sistemas naturales (agroecosistemas). Esta agricultura sustentable tiene que ser lo suficientemente productiva para abastecer alimentos a la población, económicamente viable para ser factible su desarrollo en el largo plazo, ecológicamente adecuada para conservar los recursos naturales utilizados, y cultural y socialmente aceptable por la población.

Por tal motivo, se necesita cambiar el enfoque de una agricultura intensiva y productivista a una visión más agroecológica y sustentable. La agroecología lleva a ensamblar los componentes del sistema de manera que las interrelaciones espaciales y temporales se traduzcan en un aumento de la productividad de fuentes internas, reciclaje de nutrientes o materia orgánica, y las relaciones tróficas entre insectos, patógenos, etc. Se intenta incrementar el sinergismo entre los componentes (Ej. control biológico).

En esta nueva perspectiva se utiliza una versión holística del sistema, con la ética como valor primordial en el uso de recursos naturales, basada en tecnología de procesos y no de insumos, ponderando las interrelaciones y límites del sistema, y con la participación del productor agropecuario. Este enfoque sustentable tiene objetivos a largo plazo utilizando sistemas complejos y de alta diversidad, con elevada biodiversidad funcional y estructural. La educación tanto formal como informal es de fundamental importancia para desarrollar la perspectiva de la agricultura sustentable. Sabiendo que es un proceso largo y que tarda varias generaciones en obtener sus frutos, será posible conducir el camino hacia una alta producción, de calidad, y sostenida en el tiempo.

*Dr. Diego Bentivegna, Investigador adjunto del CERZOS-CONICET y profesor de la Escuela de Agricultura y Ganadería de la UNS.

 

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