Juan Galantini*

La rotación de cultivos es alternancia de diferentes especies a lo largo del tiempo y es uno de los pilares de una agricultura sustentable. Sus efectos positivos en el sistema productivo son de lo más variados (mayor fertilidad, menores problemas sanitarios, mejor uso de los recursos, etc.) y generalmente de largo plazo. Para conocer estos efectos es necesario realizar experimentos destinados a perdurar en el tiempo, con todo el esfuerzo, compromiso y dedicación que conlleva.

La Estación Experimental Agropecuaria Bordenave del INTA es un ejemplo, en donde el “Ensayo de Rotaciones” implantado por el Ing. Agr. Adolfo Glave está cumpliendo 40 años. Durante la reunión para festejar este cumpleaños tan particular, se realizó un reconocimiento especial a los que colaboraron de alguna manera para que las enseñanzas de este esfuerzo sean máximas, en particular al grupo del CERZOS. Desde el Dr. Rosell, quien en vida fue uno de los pioneros de la colaboración del CERZOS y Departamento de Agronomía con el INTA Bordenave, hasta el grupo de profesionales y estudiantes actualmente vinculados al Laboratorio de Suelos, Plantas y Ambiente se han canalizado proyectos y planes de estudio a desentrañar algunos efectos de largo plazo difícilmente observables en otros sitios.

Junto con María Rosa Landriscini (CERZOS-CONICET), Liliana Suñer (CERZOS-CIC y Dpto. Agronomía), Julio Iglesias (UNS) y Gabriela Minoldo (UNS) estuvimos compartiendo la historia de estas parcelas, mezcla de resultados productivos e historias de vida.

Los resultados demuestran que la rotación de cultivos tiene impacto positivo sobre el balance de nutrientes, sobre la biología del sistema, sobre la dinámica del agua, entre otros aspectos.

En relación al agua, que tanta actualidad tiene en estos días, es importante mencionar que la rotación mejora la captación del agua, siempre que se favorezca la cobertura del suelo, el balance y la eficiencia en el uso. No toda el agua de las lluvias escurre por los cursos de agua, una parte importante es captada y almacenada en el suelo para ser posteriormente utilizada por los cultivos. Esto depende del cultivo que esté presente, la cantidad y actividad de la biomasa, así como de la humedad del suelo. Una pastura generalmente tiene el suelo más seco que un cereal de invierno, mientras que un barbecho para soja podrá captar el mínimo de agua.

El reemplazo de las pasturas por el desplazamiento de la ganadería a áreas marginales y de los cereales de invierno por desventajas desde el punto de vista económico, han transformado la clásica Rotación agrícolo-ganadera de la región pampeana en un Monocultivo de soja. En estos casos, la capacidad del suelo para captar agua es mínima y se acentúan los problemas de excesos hídricos. Como consecuencia de este cambio en el sistema productivo son esperables inundaciones frecuentes, pero también aumento del nivel de las napas e incremento de los procesos erosivos.

Es importante que todo el esfuerzo que se hace para obtener información sobre los efectos de largo plazo de las rotaciones sea utilizada para generar políticas que estimulen las mejores prácticas agronómicas y la adopción de las secuencias de cultivos más adecuadas para cada región.

*Dr. Juan Galantini, Investigador Comisión Investigaciones Científicas (BA), CERZOS (UNS-CONICET).

 

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