Miguel Angel Cantamutto*

Por su destacada capacidad potencial  para contribuir a la satisfacción alimentaria de la humanidad, las regiones semiáridas del mundo ameritan una focalización científica especializada. La elevada fragilidad de sus agroecosistemas desafía al desarrollo tecnológico para que se posicione a la altura de las circunstancias.  Las técnicas de producción agropecuaria viables para esas regiones deben  ajustarse para asegurar que la producción sea sostenible en el tiempo. Ello lleva a enfocarse en el mantenimiento de la biodiversidad natural, la conservación del suelo y el logro de un buen nivel de vida para sus productores.

El CERZOS está localizado en una franja del territorio marginal para la agricultura y la ganadería, con claras condiciones semiáridas. En la región, la producción agropecuaria se enfrenta a un notorio gradiente pluviométrico que desmejora hacia el oeste y una progresión térmica que decrece en el sentido norte a sur. La variabilidad climática, asociada a la geografía impuesta por el conjunto Sierra de la Ventana y el suave despliegue de la planicie hacia la Patagonia, genera un mosaico de situaciones productivas singulares que requieren de una atención especializada.  En ese contexto, el oasis irrigado del Valle Bonaerense del Río Colorado, aumenta la diversidad productiva de la región.

La actividad agropecuaria de la región tuvo un inicio conflictivo hace poco más de un siglo. Las sequías y la ausencia de la seguridad territorial limitaron los emprendimientos productivos iniciados a poco de la llegada de la civilización. Desde entonces, los desafíos regionales continúan siendo inmensos. La carne y los granos de los productores locales compiten desventajosamente con los generados en regiones más productivas, seguras y más cercanas a los puertos. El Plan de Desarrollo del Sudoeste Bonaerense, aprobado por la legislación provincial, adolece de medidas sustantivas que impacten en el desarrollo territorial.

El sector científico del Instituto se encuentra abocado a resolver esta compleja situación que puede limitar el desarrollo social de su entorno.  Las reconocidas ventajas de la agricultura de conservación deben generar el marco conceptual para que las condiciones económicas de los mercados la hagan rentable para los productores de la región. Especies y técnicas de aprovechamiento mejor adaptadas a la sequía pueden mejorar el acceso a recursos económicos para que los productores regionales alcancen un buen estándar de vida.

*Dr. Miguel Angel Cantamutto, investigador del CERZOS (CONICET-UNS) y  profesor del Depto. de Agronomía de la Universidad Nacional del Sur.

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