Viviana Echenique*

Cuando uno es optimista siempre piensa que las cosas malas no van a suceder, o que simplemente le ocurren a otros…hasta que nos ocurren. En diciembre del 2018 sufrimos un incendio en el nivel II de nuestro edificio, ubicado en el predio del CCT CONICET Bahía Blanca, el cual destruyó oficinas y laboratorios pertenecientes al CERZOS y al IADO. Fue un lamentable accidente que hizo que se perdieran equipos, muestras, ensayos, resultados y años de trabajo. Si bien nos afectó bastante, nuestros vecinos del IADO lo sufrieron aún más. Fue realmente un muy desgraciado incidente que empañó las esperadas fiestas de fin de año y la tan ansiada época de vacaciones.

Freda E. Anderson*

Planta de calafate con síntomas de la roya a orillas del Lago Fagnano.

El calafate o michay (Berberis microphylla) es un arbusto espinoso emblemático del sur de nuestro país. Cuenta la leyenda que quien saborea un fruto de esta planta siempre vuelve a la Patagonia. Vale la pena ponerla a prueba. En los bosques del sur de Argentina y Chile, especialmente en los fueguinos, es muy frecuente ver calafates que tienen llamativas deformaciones de colores brillantes en sus ramas y hojas. El visitante desprevenido puede pensar que éstas son sus flores y de hecho, en alguna página de la Wikipedia, se muestra una foto de tejido vegetativo deformado como si fuera la de una inflorescencia de la especie.

Juan Manuel Martínez

Durante muchos años, se consideró al planeta tierra como una fuente inagotable de recursos y como un receptor de los residuos generados. En adición, los residuos generados no reciben un tratamiento adecuado para su eliminación, lo que contribuyó a una “crisis ambiental”. Actualmente, se hace una explotación de los recursos, con el fin de transformarlos en nuevos productos y residuos, sin considerar el valor que pueden tener estos últimos.


Esta situación a nivel mundial, no escapa a la producción agroindustrial en nuestro país. Más precisamente, en el sudoeste bonaerense semiárido -dentro de los que comprende el área de influencia del CERZOS- los sistemas productivos tuvieron un adecuado balance de agricultura y ganadería. Sin embargo, en las últimas décadas se fue abandonando esta situación, con una visible tendencia hacia la intensificación de la agricultura. Este cambio, apoyado en demandas de corto plazo y disminución de las tecnologías de procesos, implicó una mayor degradación del recurso suelo, debido a la disminución del tenor de materia orgánica. Esto obliga a un serio replanteo de las asignaciones de uso y a la adopción de tecnologías tendientes a minimizar y/o revertir los procesos desencadenados por la aplicación de prácticas inadecuadas.

(a la izquierda) Diferentes residuos agroindustriales:alperujo de oliva, compost de cebolla-estiércol y cáscara de girasol compostada y (a la derecha) un cultivo de trigo en estadios tempranos.

Entre los sistemas productivos del sudoeste bonaerense, existen más de 12 mil hectáreas de cultivo de cebolla con una producción de 450 mil toneladas anuales, dejando 70 mil a 180 mil toneladas de descarte. Asimismo, la producción pecuaria aporta 190 toneladas anuales de estiércol. Además, se producen 54 mil toneladas anuales de cáscara de girasol, y unas 3100 toneladas anuales de residuos de olivos provenientes de la producción aceitera. En la actualidad, un número cada vez mayor de empresas agrícola-ganaderas le confieren un mayor valor agregado a su producción, frente a la necesidad de aumentar los niveles de rentabilidad. Entre ellas, la utilización e integración de tecnologías como el uso de residuos orgánicos o enmiendas, son consideradas una alternativa para la recuperación de suelos degradados mejorando el crecimiento de las plantas y la fertilidad del suelo. Para su uso como enmienda orgánica, la calidad de un residuo está determinada por la sumatoria de diferentes propiedades, entre ellas la materia orgánica, nitrógeno (N), fosforo, potasio entre otros.

Fernando López*

Actualmente es aceptado que el aumento del carbono orgánico del suelo (COS) es el principal indicador del adecuado manejo de los suelos. Además, el incremento del COS contribuye a disminuir la cantidad de CO2 en la atmósfera, principal determinante del efecto invernadero. De esta manera el manejo de suelos tiene un gran potencial para disminuir los impactos del aumento de gases de efecto invernadero debido a dos cuestiones fundamentales: 1) es posible el secuestro de CO2 de la atmósfera en el COS y 2) el aumento del COS permitiría una mejor adaptación frente a un escenario de cambio climático. Respecto a este segundo punto el incremento del COS provocará una mayor resiliencia de los agroecosistemas, principalmente en ambientes frágiles como los de nuestra región, ayudará al mantenimiento de la biodiversidad y provocará mayor rendimiento de los cultivos, entre otros beneficios.
Beneficios del aumento del carbono del suelo (Adaptado de FAO, 2011) .

Beneficios del aumento del carbono del suelo (Adaptado de FAO, 2011)[1].

 

El CERZOS (Centro de Recursos Naturales Renovables de la Zona Semiárida), dependiente del CONICET, fue creado con el objetivo de generar conocimiento científico y tecnológico para el manejo sustentable de los recursos naturales de la región semiárida argentina. Los suelos de estos ambientes se caracterizan por su fragilidad, dada su susceptibilidad a la erosión, tanto hídrica como eólica. En la búsqueda de la conservación del recurso suelo, el COS cobra especial relevancia debido a su rol central en el funcionamiento del suelo (a pesar que solo representa entre el 0,5 a 5% del mismo). Además, si bien parece algo alejado de la vida cotidiana, el COS interacciona con muchos factores que afectan la vida diaria de toda la población, como la concentración de gases de efecto invernadero, la regulación de ciclos hidrológicos, el rendimiento de los cultivos y la sostenibilidad de la producción de alimentos. Sin embargo, a pesar de la trascendencia del COS, muchas veces no se le da la importancia requerida ya que su estudio es muy complejo. Esto se debe a que en su dinámica intervienen varios factores, desde microorganismos edáficos hasta el carbono derivado del petróleo.

Joana Haedo*

La polinización es el proceso mediante el cual el polen de las anteras de una flor es transportado y depositado sobre los estigmas de las flores de la misma especie. El transporte de polen puede ocurrir por acción del viento, pero en la mayoría de los casos ocurre gracias a los animales que, al visitar las flores, impregnan sus cuerpos de polen y lo transportan de una flor a otra. Estos animales son en su mayoría insectos, aunque también hay aves, reptiles, murciélagos y otros mamíferos que actúan como polinizadores.


El 90% de las plantas con flor, y aproximadamente el 70% de los cultivos, dependen en diferente medida de la polinización por insectos. Las abejas son los insectos polinizadores más importantes, aunque también hay un gran aporte por parte de las moscas, avispas, mariposas y escarabajos. En Argentina hay más de 1000 especies de abejas nativas, sin embargo, en la mayoría de los cultivos la polinización es manejada por el hombre a través de insectos exóticos que son domesticados y comercializados, como lo es Apis mellifera, la abeja de la miel. No obstante, los polinizadores nativos mejoran la calidad la polinización, aumentando la cantidad y calidad de los frutos y semillas. Esto ocurre porque las distintas especies de polinizadores utilizan los recursos de diferente manera, aportando complementariamente a la polinización del cultivo. Varias especies de polinizadores pueden visitar flores en diferentes zonas dentro de una misma planta, en distintos momentos del día y bajo distintas condiciones climáticas. Además, para algunos cultivos, los polinizadores nativos son más eficientes en la polinización que A. mellifera. Asimismo, en presencia de polinizadores nativos, A. mellifera modifica su comportamiento sinérgicamente y es más eficiente en la polinización. Es así como los polinizadores nativos actúan como complemento de los domésticos para mejorar el servicio de polinización de los cultivos.

Daniela Soresi*

La enfermedad de trigo conocida como “Fusariosis de la Espiga” causó en Argentina durante la campaña 2012/13 pérdidas de rendimiento superiores al 50% en las regiones más afectadas, ocasionando grandes pérdidas económicas.
El hongo causante de esta enfermedad es principalmente Fusarium graminearum que puede sobrevivir durante varios años en los lotes, sobre los residuos de plantas infectadas que permanecen en la superficie del suelo. Cuando se dan condiciones climáticas especiales durante la floración del trigo, como la ocurrencia de lluvias, humedad relativa alta y temperaturas cálidas, se favorece la ocurrencia de infecciones. A través de gotas de lluvia o el viento, los macroconidios (esporas asexuales del hongo) se dispersan desde el suelo hacia la espiga iniciando la infección. Las espigas afectadas presentan síntomas fácilmente reconocibles como el blanqueamiento de las flores; por esta razón la enfermedad también es conocida como “golpe blanco”. Los granos de estas espigas presentan un tamaño y peso por debajo del esperado, con una superficie rugosa y coloración rosada debido al crecimiento superficial del hongo.

 

La presencia de este hongo en el cultivo disminuye el rendimiento y la calidad de los granos. Además, se dificulta su comercialización por la presencia de micotoxinas, sustancias tóxicas producidas por el hongo. Una de las principales micotoxinas producidas por F. graminearum es una vomitoxina, denominada así por la capacidad de producir nauseas al consumir harina derivada de granos infectados. La contaminación de alimentos con micotoxinas es un problema importante para la salud pública. Resulta entonces imprescindible el monitoreo de los niveles de micotoxinas a fin de establecer si son inferiores a los umbrales máximos permitidos en harina de trigo, subproductos y alimentos elaborados en base a trigo. Esto incluye concientizar a los productores agropecuarios y molinos acerca de la necesidad de realizar análisis químicos de los granos y harinas, al menos en los años en los que se dan condiciones climáticas favorables para la aparición de la enfermedad.

(Ctrl X, Ctrl V o Supr)


Juan Manuel Rodrigo*

Una nueva técnica de edición génica está revolucionando todo lo conocido y seguramente marcará un punto de quiebre en la evolución de nuestra sociedad. La posibilidad de editar el ADN como en un procesador de textos abre una ventana de posibilidades tan grande como la imaginación misma.

La edición génica puede usarse para activar o silenciar genes, hacer modificaciones funcionales, mejorar un rasgo particular y también, insertar genes. Una nueva técnica de edición, elegida en 2015 como el avance científico del año por la revista Science, es más eficiente y sencilla que sus predecesoras. Tiene un nombre realmente largo y complicado, pero los científicos la llaman simplemente Crispr/Cas.
Desarrollado a partir de un mecanismo inmune-adaptativo existente en bacterias, el sistema Crispr/Cas funciona como una especie de tijera molecular que podemos dirigir hacia un punto en particular del ADN con precisión quirúrgica. Este sistema posee dos componentes: una enzima (Cas9) que corta el ADN y un ARN sintético que guía a la enzima exactamente a dónde debe cortar. Es como enviar un diminuto cirujano para cortar el ADN en un sitio específico y luego poder editarlo.


Este sistema proporciona un nivel sin precedentes de precisión y control. Un ejemplo notable fue el desarrollo de plantas de trigo con resistencia heredable a hongos, mediante el silenciado de los seis alelos de los tres genes presentes en su genoma. La probabilidad de lograr estos resultados con las técnicas anteriores, como la mutagénesis, se compararía con realizar un disparo al cielo, en un día nublado, fuera de la temporada de caza, y esperar que caigan seis patos.
Hoy es posible modificar animales de manera personalizada en cuestión de semanas, algo que hasta hace muy poco suponía años de trabajo. Los resultados son realmente diversos, desde vacas con genes introducidos que producen proteínas o fármacos de interés, hasta mosquitos editados que podrían erradicar la malaria en pocas generaciones.

La técnica es tan versátil que se está empleando también para buscar terapias contra enfermedades tan diversas como SIDA, Alzhéimer o esquizofrenia. En pruebas de laboratorio con embriones humanos, se ha logrado eliminar una mutación que causa cardiomiopatía hipertrófica, un desorden que puede producir muerte súbita. Además, ya se han comenzado a realizar ensayos en humanos adultos en un intento de cambiar de forma permanente el ADN con el objetivo de curar una enfermedad. Si bien es poco probable lograr afectar todas las células de un individuo, esta terapia se podría dirigir hacia zonas específicas de tejidos afectados y modificar su ADN de manera permanente.

Nuestros rasgos físicos (color de piel u ojos, altura, pelo rizado o liso, etc.) y nuestra forma de ser, están determinados por genes. Esto significa, que los genes contienen la información que define absolutamente todas nuestras características, y para ser estudiados y analizados en profundidad, es importante conocer su ubicación. Los mapas genéticos muestran en una imagen la disposición y ordenamiento de los genes en el ADN, con una escala determinada (Unidad de mapa: centiMorgan o cM.).

Para elaborar un mapa genético, se entrecruzan dos organismos que difieran en una característica en particular y luego se evalúa en sus descendientes la presencia o ausencia de dicha característica. Una muestra de sangre o tejido de cada descendiente es examinada y comparada con la de sus progenitores, buscando patrones únicos que se conocen como marcadores y que sirven para determinar las posiciones relativas de los genes en el ADN y la distancia entre ellos. De esta forma se analiza la frecuencia de recombinación que se establece al cruzar dos individuos diferentes genéticamente.

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