Laura Martínez*

En la Naturaleza existen organismos que a lo largo de la evolución se han adaptado para ser parásitos de otras especies. Se trata de una exitosa estrategia para sobrevivir y reproducirse a costas de un hospedero.
En las plantas son comunes las enfermedades causadas por este tipo de relación simbiótica, y los hongos patógenos son importantes actores. Cuando estas relaciones son tan estrechas que el agente causal no puede sobrevivir sin su hospedante vivo; se los denomina hongos biótrofos.

Este es el caso del mildiu del girasol, una enfermedad causada por un patógeno que ataca casi exclusivamente a los miembros de la familia Asteráceas, y dentro de la cual se encuentra el girasol. Cuando el mildiu se presenta en el campo causa daños en la producción y como síntomas produce enanismo, clorosis en hojas e incluso puede conllevar a la muerte de las plantas.

Para estudiar la variabilidad genética del patógeno, es necesario hacer un relevamiento en las zonas productoras de girasol. Esto comprende trabajar con muestras de mildiu tomadas de distintos puntos del país, que se denominan aislamientos. Los mismospueden presentar diferencias genéticas debidas a introducciones accidentales de nuevas razas de mildiu o mutaciones en las existentes, que puede influir en la agresividad del patógeno y esto constituye el tema de interés de nuestro grupo de trabajo.

Actualmente INTA Balcarce posee una colección de aislamientos muy valiosa para desarrollar estudios moleculares, pero sabemos que el mildiu es vulnerable fuera de su tejido hospedante; entonces ¿cómo transportarlo más de 400 Km hasta nuestro laboratorio en Bahía Blanca? La única manera posible era dentro de tejidos vivos de girasol. Teniendo en cuenta esto se programó un viaje a la Estación Experimental Balcarce. Se preparó semilla con unos pocos centímetros de raíz con el fin de realizarles una infección artificial con los aislamientos elegidos. Ni bien se llegó a destino, se realizó la inoculación controlada y se emprendió rápidamente el viaje de regreso para que las plántulas supuestamente infectadas no murieran.
Una vez de vuelta en el laboratorio de Biotecnología de CERZOS, fue necesario esperar a que los incipientes girasoles crecieran en cámara de cultivo hasta tener hojas verdaderas; y recién 10 días después poder comprobar si la infección había sido exitosa. La evaluación se hizo poniendo las plantas en condiciones frescas y húmedas para provocar la fructificación del mildiu, la cual es típicamente blanquecina y se observa a simple vista.



Afortunadamente la evaluación resultó positiva. La felpa blanca obtenida contiene el nuevo inóculo que representa nuestro punto de partida para trabajar de ahora en adelante en la multiplicación de los aislamientos, con el fin de seguir profundizando en el aspecto genético-molecular de la enfermedad.

Muchas veces los experimentos que involucran seres vivos suelen fallar, pero podemos decir con cierto alivio que este viaje relámpago no fue en vano.

*Ing. Agr. Laura Martínez, becaria del CERZOS-CONICET

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