Daniela Soresi*

Solo cuatro letras bastaron para escribir la historia de los seres vivos. Determinar el orden en el que se ubican ha sido una de las revoluciones científicas más importantes de finales del siglo XX, esto es, la secuenciación del ADN, el material que conforma los genes. La lectura del genoma (conjunto de genes) de un  organismo consiste en dilucidar el orden exacto de cuatro letras (nucleótidos) que componen el ADN: adenina (A), timina (T), citosina (C) o guanina (G). La disposición secuencial de las mismas codifica la información genética y es responsable de las características que definen a cualquier ser vivo como el color del pelo, las hormonas o la predisposición para desarrollar una adicción.

Determinar la posibilidad de transmitir una enfermedad hereditaria, identificar al culpable de un crimen o al padre de un niño son cuestiones que hoy en día pueden ser resueltas en horas y con costos accesibles. Todo comenzó allá por 1977 cuando, Frederick Sanger, un bioquímico inglés, publicó la técnica de secuenciación de ADN. Tal fue la importancia de este avance científico que le valió el premio Nobel de Química. Originalmente se hacía en forma manual y a pequeña escala, luego se automatizó y tuvo más difusión. Fue recién en 2005 que el desarrollo de plataformas de secuenciación masiva reemplazó al método de Sanger permitiendo obtener genomas completos de organismos, de forma eficiente y económica. En este contexto se estima que en unos años cuestiones como la medicina personalizada basada en el genoma del paciente, la predicción temprana de la posibilidad de desarrollar ciertas enfermedades o incluso adaptar los tratamientos en función de nuestro genoma serán una realidad.

Pero la aplicación de estas técnicas va mucho más allá de la medicina. Conocer el genoma de cultivos de importancia económica tales como maíz, trigo y arroz, acelera significativamente el mejoramiento de los mismos incrementando sus cualidades nutricionales, la capacidad de resistencia a sequía, frío y enfermedades, lo que redunda en un aumento de la producción mundial de alimentos.

La generación de información a gran escala mediante las nuevas tecnologías de secuenciación, hizo necesaria la creación de bases de datos que la organizan y la ponen a disposición del mundo científico, pero por sobre todas las cosas el debate genético invadió los medios de comunicación y puso al alcance del público nociones sobre la herencia y secuencia del ADN, que ya son parte de nuestra vida cotidiana.


*Dra. Daniela Soresi, becaria posdoctoral del CONICET y docente del Departamento de Biología, Bioquímica y Farmacia.

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