Laura Martinez *

Argentina ocupa actualmente el cuarto puesto a nivel mundial como productor de semilla y como exportador de aceite de girasol.

Trasladándonos al panorama del Sudoeste Bonaerense, la última campaña de la oleaginosa se destacó con altos rendimientos que si bien tuvieron relación con las muy buenas condiciones de humedad, volvió a quedar demostrado que el girasol sigue ofreciendo buenas respuestas en los campos de la zona.

Para superar las limitantes típicas de la región, actualmente la industria semillera ofrece a los productores gran variedad de híbridos, que van mejorando progresivamente el comportamiento del cultivo. Sin embargo, todavía existen algunos puntos pendientes en cuanto a la sanidad de la semilla.

Una de las enfermedades que tienen gran impacto en el ciclo de la oleaginosa es el “mildiu del girasol”. El agente causal es el patógeno Plasmopara halstedii, que produce malformaciones, mosaico en hojas, enanismo y capítulos más pequeños con una consecuente pérdida de rendimiento. Si la infección es temprana puede causar incluso la muerte de las plántulas.

Para afrontar el problema, históricamente se contaba con híbridos resistentes a determinadas razas del patógeno, pero en los últimos años esa resistencia se ha quebrado y han aparecido nuevas variantes del mildiu.

Este hecho, sumado a que los estándares sanitarios de los países compradores de semilla son cada vez más exigentes hace que sea de gran importancia, tanto para el productor como para los criaderos, detectar si la producción se encuentra afectada por la enfermedad. De esta manera se podría disminuir la incidencia de la misma en las próximas campañas mediante prácticas de manejo.

Con la metodología desarrollada en el laboratorio de Biotecnología de CERZOS Bahía Blanca fue posible detectar la presencia de mildiu aun en plantas de girasol en las que no se observaron síntomas, gracias a que es un organismo de tipo sistémico. Se trata de un diagnóstico que utiliza marcadores moleculares de ADN específicos de Plasmopara a partir de muestras de girasol.

Además, como la intensidad de los daños es mayor cuanto más temprano es el ataque, actualmente también se está desarrollando un test con el cual sería posible detectar el patógeno latente en la semilla, en la instancia previa a la implantación.

Este aporte contribuiría a disminuir la incidencia del problema en los campos y además mejorar la calidad sanitaria de la producción de semilla argentina, para mantener de la mejor manera, la posición de nuestro país a nivel mundial.

*Ing. Agr. Laura Martínez, becaria doctoral del CONICET.

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