Cintia V. Leder y Flavia A. Funk*

La vegetación del Monte está formada por arbustos debajo de los cuales crecen hierbas, pastos y musgos. Estas agrupaciones de especies forman “islas” de vegetación, que están dispersas en una matriz de suelo desnudo denominada “interisla”.

En nuestro país, el Monte se extiende formando una diagonal oeste-este, recorriendo parte de Salta, centro de Catamarca y La Rioja, centro y este de San Juan y Mendoza, centro y este de Neuquén, oeste y sur de La Pampa, centro y este de Río Negro, suroeste de Buenos Aires, y nordeste de Chubut (Fig. 2) (Roig et al., 2009).

Nuestro equipo de trabajo desarrolla sus tareas de investigación en el suroeste bonaerense y en el noreste rionegrino. Ambas zonas han sufrido desmontes en los últimos 50 años, en los que se reemplazó el Monte nativo por cultivos de secano en la provincia de Buenos Aires y cultivos bajo riego en Río Negro. Los relictos de Monte persistentes se encuentran bajo pastoreo vacuno u ovino, en forma prácticamente continua. Varias investigaciones muestran que la ganadería produce modificaciones en la estructura general del Monte a través de un recambio de especies, ya que algunas plantas son afectadas de manera negativa por el ganado, mientras que otras son favorecidas. Los efectos se producen principalmente sobre las especies “preferidas” por el ganado, pero también afecta indirectamente a otras especies a través del pisoteo. Este impacto se da especialmente en los espacios interislas, donde las plantas están desprovistas de la protección de los arbustos. Bajo una situación de pastoreo continuo, los espacios interislas sufren una elevada pérdida de cobertura vegetal y una gran compactación del suelo debido al pisoteo, siendo los centros desde donde avanza el proceso de desertificación que afecta a la región. Una vez alcanzada esta situación de degradación, la única manera de retornar a  condiciones más favorables es a través de la germinación y el establecimiento de nuevas plantas en los espacios interislas, proceso que no resulta nada sencillo. Para poder entender cómo podría ser la recuperación del Monte luego de un pastoreo intenso o una quema, es necesario conocer el efecto que tienen estos procesos sobre la cantidad y la identidad de las semillas que llegan al suelo. Por lo tanto, es necesario el estudio de la lluvia de semillas.

Figura 2. Distribución geográfica de la Provincia Fitogeográfica del Monte propuesta por Roig et al. (2009)

La lluvia de semillas es el proceso a través del cual las semillas llegan al suelo desde la planta madre o desde un agente dispersor (como un animal). Las semillas producidas por las plantas del Monte poseen distintas estrategias para ser dispersadas lejos de la planta madre y evitar competir con ella. Una estrategia común entre los pastos como las “flechillas” es poseer semillas cuya cubierta tiene una punta aguda y un apéndice en el extremo opuesto. Este apéndice se denomina arista y puede tener hasta 5 cm de largo, tiene forma de tirabuzón y está curvado en un ángulo que va de los 45° a los 90° (Fig. 3). Esta estructura cumple un doble propósito, por un lado permite a las semillas adherirse a los animales y alejarse de la planta madre. Por otro lado, la punta aguda facilita la fijación al suelo, mientras que la arista les permite girar con ayuda de la humedad y enterrarse fácilmente. Otra estrategia que poseen algunas especies de pastos como el “coirón poa” es la presencia de pelos en la cubierta de la semilla, la cual al ser liviana viaja con el viento hasta adherirse en la humedad del suelo o en un obstáculo que las retenga (Fig. 3). 


Figura 3. Semilla de una especie de “flechilla” (Nassella tenuis), izquierda, y “coirón poa” (Poa ligularis), derecha

Entre los arbustos las estrategias son diferentes. Algunas especies como el “piquillín” y el “alpataco” producen semillas rodeadas de un tejido carnoso que es ingerido por los animales y depositado en el suelo más tarde junto con las heces. Otros arbustos como la “chilladora” y el “palo azul” producen semillas con pelos que son transportadas por el viento.
Desde 2010 trabajamos para comprender cómo las actividades del hombre pueden afectar a la vegetación del Monte. Concentrándonos en el efecto de esta historia de uso sobre la lluvia de semillas, el banco de semillas (reserva de semillas en el suelo) y la germinación y establecimiento de nuevas plantas (llamado reclutamiento de plántulas).
Al analizar la lluvia de semillas, encontramos que las semillas se dispersan desde la planta madre de manera homogénea. Por lo tanto, las diferencias observadas en la distribución de las plantas adultas se deben a procesos que ocurren después de la dispersión. Especialmente en las inter islas, podría pensarse que la falta de plantas adultas se debe a que las semillas son removidas por el viento, están más expuestas a ser comidas por animales, o tienen más dificultad para ingresar al suelo a causa de su compactación. Si luego de sortear todos estos infortunios las semillas logran ingresar al suelo, las plántulas que germinan podrían tener una mortalidad elevada (ya sea por ser pisadas o comidas por el ganado, o por encontrarse desprotegidas ante condiciones climáticas adversas). De esta manera, los arbustos (o islas) tienen un efecto protector, ya que las diferencias entre historias de uso sólo se observan en las inter islas. En este sentido, el pastoreo produce una disminución en la cantidad de semillas que llegan al suelo, además de darle protagonismo a una especie de pasto que posee semillas aristadas, adaptada a la dispersión mediante animales. Por otro lado, en ausencia de pastoreo, la cantidad de semillas es mayor y la especie protagonista es un pasto muy preferido por el ganado, con semillas dispersadas por el viento. Al analizar el efecto del fuego, se observa un efecto intermedio respecto a las situaciones anteriores, pero sólo cuando no hay ganado (Leder et al., 2015).
En la actualidad, trabajamos para comprender el destino de las semillas que se encuentran reservadas en el suelo en el banco de semillas, el reclutamiento de plántulas desde ese banco y el establecimiento final de éstas en el ecosistema del Monte. Buscamos entender el entorno de cada semilla, maravillándonos con la capacidad de nacer, crecer, sobrevivir y florecer en un ambiente árido, con temperaturas invernales bajo cero y veranos con suelos a 50°C.

Bibliografía citada
Leder Cintia V, Funk Flavia A, Peter Guadalupe. 2015. Seed rain alteration related to fire and grazing history in a semiarid shrubland. Journal of Arid Environments 121:32-39.
Roig Fidel A, Roig-Juñent Sergio, Corbalán Valeria. 2009. Biogeography of the Monte Desert. Journal of Arid Environments 73:164-172.

*Cintia Vanesa Leder, Becaria Doctoral CONICET y docente de la Universidad Nacional de Río Negro, Flavia Alejandra Funk, docente de la Universidad Nacional del Sur.

 

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