Juan A. Galantini y Cristian Kleine*

La siembra directa se ha expandido en forma acelerada en Argentina, pasando de pocas hectáreas a más del 78% de la superficie agrícola en tres décadas. Esto hace difícil encontrar situaciones en donde evaluar los efectos de largo plazo. Por este motivo, la experiencia llevada adelante en el establecimiento "Hogar Funke" durante más de 25 años es un importante ejemplo para ser analizado en detalle.

Introducción

Estimaciones recientes dan cuenta que un total de 27 millones de hectáreas se encuentran bajo siembra directa (SD) en Argentina, lo que representa la mayor parte de la superficie agrícola del país (AAPRESID, 2012). El crecimiento del área en SD fue muy rápido, desde unas pocas hectáreas en los años ´80 hasta el 78,5% de la superficie agrícola actualmente.
Fue a partir de la década del 90 cuando se comenzó a difundir un paquete tecnológico donde se incorporaba la soja resistente a herbicida, con amplias ventajas.
Esta aparición impulsó el reemplazo del viejo paradigma del laboreo del suelo agrícola, base de la producción durante miles de años, por una agricultura sin remoción del suelo.
El cambio es muy importante, porque significa modificar muchos de los aspectos productivos. El uso de labranza favorece una mayor porosidad artificial, muy dinámica, mientras que la SD predominan los poros biológicos. La cobertura en SD modifica la temperatura, la dinámica y la conservación del agua en el suelo, así como el desarrollo de plagas, malezas y enfermedades. Estas diferencias, entre otras, generan un nuevo ambiente en el que el cultivo se implanta, crece y tiene que producir.
Este cambio implica comenzar a generar nueva información sobre un sistema de producción con características totalmente diferentes y donde los resultados de largo plazo aun no se conocen.
Esta falta de información de los cambios que se producen en la planta y en el suelo a lo largo del tiempo es más evidente en aquellas áreas marginales en las que la soja no llegó para acompañar la expansión de la SD. El SO Bonaerense es uno de esos casos.
El establecimiento Hogar Funke, ubicado en proximidad de la localidad Tornquist (BA), perteneciente a la Regional Bahía Blanca de AAPRESID, ha mantenido parte de un lote con dos manejos diferentes desde el año el año 1986. Como se mencionó, contar con una experiencia de más de 25 años con diferentes labranzas permite conocer en detalle los nuevos equilibrios que se alcanzan en el suelo frente a un cambio tan drástico como significó suprimir las labranzas.
El objetivo del presente trabajo fue analizar los cambios en la producción de cultivos en el largo plazo utilizando dos sistemas de labranza diferentes.

Aspectos metodológicos

El suelo es un Argiudol típico, profundo, de textura franca en el horizonte A y franco-arcillosa en el B2, del establecimiento Hogar Funke del partido de Tornquist (B.A.).
La temperatura media anual es de 15ºC y la precipitación media anual fue 735 mm en el período 1887-212, y 799 mm durante la experiencia (1986-2012).
El terreno fue sistematizado con curvas de nivel sin gradiente en 1975, estimándose pérdidas de suelo en los años previos de escasa consideración.
Sobre dos parcelas de 8 has cada una se aplicaron dos sistemas de labranza: siembra directa (SD) y labranza convencional (LC), desde el año 1986. El detalles del sitio, manejo y propiedades químicas del suelo fueron descriptos por Galantini et al. 2006, 2007.
La LC fue llevada adelante utilizando cincel y rastra de discos.
La secuencia de cultivos realizada durante el período en estudio (1986-2011) incluyó maíz (Zea mais), trigo (Triticum aestivum), girasol (Elianthus annus), cebada (Hordeum vulgare) y sorgo (Sorghum bicolor), en una secuencia y rendimientos que se presenta en la Tabla 1.
Los estudios se llevaron adelante durante los años 2003, 2009, 2010 y 2011, en los que se sembró trigo
El diseño fue de 3 bloques al azar a lo largo de las franjas con SD y con LC, en cada uno de ellos se tomaron 3 muestras compuestas de suelo y planta.

Resultados obtenidos

El rendimiento en grano de los diferentes cultivos de la secuencia fue muy variable a lo largo de la experiencia (Tabla 1). El promedio (1986-2012) fue menor en LC (1906 kg ha-1) que en SD (2370 kg ha-1). La variabilidad fue alta, ligeramente mayor en LC (CV=64%) que en SD (CV=54%), reflejo de la influencia de las características climáticas de la región, donde predominan la irregularidad en las precipitaciones y periódicas heladas tardías.
Por otro lado, cuando se analizan solo los cultivos de invierno (trigo y cebada) la variabilidad de los rendimiento en LC fue mucho mayor (CV=64%) que en SD (CV=46%).
La diferencia del mejor barbecho parecería no ser tan significativa al analizar los cultivos de verano, donde el efecto del agua acumulada durante el barbecho es menor y existiría una dependencia mayor de la precipitación durante el ciclo.
Siendo la disponibilidad de agua una de las limitantes de estos sistemas productivos, la SD mejoraría su conservación y uso. Sin embargo, analizando la secuencia completa de cultivos, la diferencia en el rendimiento a favor de la SD no estuvo significativamente relacionada con la precipitación anual.
Se encontró una tendencia a que, cuando la precipitación fue mayor durante el barbecho, mayores fueron las diferencias a favor de la SD, mientras que cuando fueron mayores durante el cultivo las diferencias entre sistemas de labranza tendieron a reducirse. Es decir, esta tendencia haría suponer que inicialmente la mayor eficiencia en la acumulación de agua en SD estaría asociada con la protección del escurrimiento más que con la protección de la evaporación. Mientras que después de la siembra, la diferencia estaría asociada a la protección de la evaporación.

Tabla 1: Rendimiento en grano de los cultivos a lo largo del período en estudio.

a, pastoreado; s, año de estudio, con muestreo de suelo (a la siembra y cosecha) y planta (cosecha).

Durante los años 2011 y 2012 se comparó la cantidad de agua acumulada durante el barbecho en ambos sistemas de labranza (Figura 1). Al momento de la siembra del trigo en el 2011, en LC habían acumulados 27 mm contra los 160 mm en SD. Diferencias de semejante magnitud fueron encontradas luego del barbecho posterior al cultivo de trigo y previa implantación de sorgo. En ese momento habían acumulados 55 mm en LC y 166 mm en SD. Los perfiles de la distribución de humedad muestran claramente como las diferencias se encuentran en profundidad, y en concordancia a lo anteriormente mencionado, principalmente vinculado a la baja captación de LC. 

Figura 1: Contenido de agua útil hasta los 2 metros de profundidad previo a la siembra de a) trigo (junio 2011) y b) sorgo (septiembre 2012) en labranza convencional (LC) y siembra directa (SD)

En los años en los que se realizaron muestreos de suelo y planta durante el ciclo del trigo (2003, 2009, 2010 y 2011) se pudo observar con más detalle las características de las diferencias (Tabla 2). Se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre años (P<0.01) y entre sistemas de labranza (P<0.01), con interacción no significativa en la cantidad de espigas m-2 y en la producción de MSta, de grano y de paja.
Las condiciones iniciales para el cultivo fueron mejores en SD, con más espigas m-2 (315 vs 209 en LC).
Los promedios de producción de MSta, grano y paja de trigo para estos años fueron 3085, 907 y 2178 kg ha-1 en LC y 6581, 2088 y 4494 kg ha-1 en SD, respectivamente.
El índice de cosecha presentó interacción significativa (P<0.05), principalmente consecuencia de los muy bajos valores y la diferencia entre los sistemas de labranza encontrados durante el 2009, el año más seco y con rendimientos extremadamente bajos. El resto de los años, el índice de cosecha no mostró diferencias significativas entre sistemas de labranza.

Tabla 2: Producción de materia seca total (MS), grano y paja (kg ha-1), índice de cosecha (IC) y cantidad de espigas m-2 en labranza convencional (LC) y siembra directa (SD) en cada año de muestreo.

**, *, ns, indican diferencias al 0,01, 0,05 o no significativas entre sistemas de labranza para cada parámetro analizado dentro de cada año

La mayor producción del trigo en SD estuvo asociada a las mejores condiciones durante la etapa inicial del cultivo, permitiendo el mejor establecimiento del cultivo y mejores condiciones para que se obtengan más cantidad de macollos y espigas fértiles al momento de la cosecha. Durante las etapas posteriores, los mayores requerimientos hídricos, normalmente con menor disponibilidad de humedad, hizo que la SD no mejorara la translocación de fotoasimilados al grano. Esto confirmaría lo anteriormente mencionado, las mejores condiciones de la SD que permiten lograr mayor rendimiento se producen en la etapa inicial del cultivo.
En el año con menor producción, el 2009 donde llovieron 205 mm durante el ciclo del cultivo, la SD presentó mayor número de espigas y mejor índice de cosecha. Esto pone en evidencia que en los casos extremos la SD mejora la eficiencia en el uso del agua disponible a lo largo de todo el ciclo.
Las diferencias en la cobertura del suelo pueden explicar gran parte de las diferencias en la eficiencia en el uso del agua.

La cobertura promedio en SD fue un 83% de la superficie, con 2725 kg ha-1 de materia seca, mientras que la cobertura en LC fue menor al 14% y el peso del material despreciable (Figura 2).

LC SD

Figura 2: Cobertura del suelo al momento de la siembra en labranza convencional (LC) y siembra directa (SD)

El período de madurez de los cultivos tiende a atrasarse en SD, posiblemente por la mayor disponibilidad de humedad. Esto reviste mucha importancia en la zona en estudio, ya que en base a la evolución de las temperaturas máximas y mínimas se puede concluir que la probabilidad de heladas menores a -3ºC en los últimos 10 días de Octubre es igual al 70%, mientras que en los primeros 10 días de Noviembre es de un 30% (Ing. Graciela Magrin, INTA Castelar, comunicación personal).

Tabla 3: Cantidad de nutrientes exportados, reciclados y balance (kg ha-1) en 25 años de producción con labranza convencional (LC) y en siembra directa (SD)

    C N P K Ca Mg S
LC                
  Exportado 18.163 866 183 199 20 96 82
  Reciclado 47.806 468 65 737 182 119 128
  Balance   -386 43 -199 -20 -96 -82
SD                
  Exportado 22.220 1.035 210 237 19 113 97
  Reciclado 59.597 540 66 863 160 117 158
  Balance   -411 29 -237 -19 -113 -97


Consideraciones finales

La siembra directa permitió obtener una productividad promedio mayor que el sistema con labranza. Esto implica mayor reciclado y exportación de nutrientes con efectos positivos (la disponibilidad potencial se va incrementando) y negativos (el balance de nutrientes se hace más deficitario requiriendo más fertilización).
La diferencia en la productividad podría estar asociada a mayor captación y más eficiente almacenamiento del agua de las precipitaciones, en particular en los cultivos de invierno.

Agradecimientos
A los miembros de la Regional Bahía Blanca de AAPRESID, por el continuo aliento para que la experiencia siga adelante y los aportes realizados durante las visitas a las parcelas. A los integrantes de Hogar Funke por mantener las parcelas durante tanto tiempo.

Bibliografía

  • AAPRESID. 2012. Evolución de la superficie en Siembra Directa en Argentina. http://www.aapresid.org.ar
  • Galantini J.A., J.O. Iglesias, C. Maneiro, L. Santiago, C. Kleine. 2006. Sistemas de labranza en el sudoeste bonaerense. Efectos de largo plazo sobre las fracciones orgánicas y el espacio poroso del suelo. Revista de Investigaciones Agropecuarias (RIA – INTA) 35: 15-30.
  • Galantini J.A., L. Suñer, J.O. Iglesias. 2007. Sistemas de labranza en el sudoeste bonaerense: efectos de largo plazo sobre las formas de fósforo en el suelo. Revista Investigaciones Agropecuarias (RIA – INTA) 36 (1): 63-81.

* Juan A. Galantini, Investigador de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC, Bs.As.), CERZOS- Departamento de Agronomía (UNS); San Andrés 800 (8000) Bahía Blanca (BA) - Argentina
Cristian Kleine, Ing. Agr. – Establecimiento Hogar Funke

 

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