Qué representan cuatro décadas atrás, desde aquel primer día en que la Universidad Nacional del Sur (UNS) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas (CONICET) firman un acuerdo confiando en la creación de un centro, en el que un grupo de docentes jóvenes de ese entonces pensaban que podían contribuir en bien de la Universidad, de la región y en última instancia en beneficio del país y de la sociedad. Motivo, de un emocionante recuerdo sobre la base de que es el merecimiento de muchos. Llegado a una cierta edad, cuando han transcurrido años, uno puede en cierto modo tener el privilegio de mirar hacia atrás como espectador objetivo de los hechos y cosas en las que ha tocado actuar, en las que le ha dado vivir.

Es algo así como un paisaje que se expande hacia atrás en la bruma del tiempo y de los recuerdos, donde aparecen grabadas en nuestra mente como íconos de luces brillantes, faros de luz blanca en la niebla de los recuerdos, cosas buenas, agradables, de hechos que nos dispensan cierto deleite y paz interior... pero también no dejan de aparecer otros como zonas de sombra y oscuridad que nos llenan de zozobra y acarrean una sensación de tristeza. La creación del CERZOS es una de esas estampas, con el aditamento que siempre señorearon los primeros

Una de las cosas que uno se pregunta a esta altura de la vida mirando hacia el pasado, ¿Qué es lo que los motivaba a un grupo de jóvenes universitarios, proponer la creación de un instituto o centro de investigación como es el CERZOS?; o en otras palabras: ¿Qué es lo que les hacía creer a ellos que valían la pena sus esfuerzos y todo su tiempo a dicho propósito, en ese momento sin duda idealizado?.

Yo tengo el convencimiento que poseo la respuesta, y creo que la puedo sintetizarla en una frase que me expuso el Dr. Ramón Rosell, cuando nos encontramos por primera vez en el Departamento de Agronomía de la UNS en el año 1967, luego de haber completado él su Doctorado en Química de Suelos en la Universidad de California, EE.UU. Estaba yo en mi oficina de Rondeau 29, más que una oficina era un sucucho en que había que hablar de pie pues no cabían dos sillas, luego de presentarnos y entre lo que charlamos y departimos hay un pasaje que se grabo para siempre en mi mente: “Fernández”, me dijo textual antes de irse (en ese tiempo aún no nos tuteábamos): ….”tenemos que hacer de este Departamento algo importante para la Universidad y el país, procurar la excelencia profesional y académica para el Departamento y la Universidad”. Ramón volvía con su doctorado y el ejemplo de una de las Universidades más reconocidas en el mundo.

Esa frase, es en mi convencimiento la que sintetiza el objetivo principal de los que impulsaron a proponer un centro de investigación. Lo declamatorio que menciona el convenio de creación del Centro de Recursos Naturales Renovables de la Zona Semiárida (CERZOS) entre la Universidad Nacional del Sur y el CONICET, propone entre sus fundamentos: “….desarrollar estudios e investigaciones básicas, aplicadas o tecnológicas de carácter interdisciplinario conducentes al mejor uso y aprovechamiento de los recursos naturales renovables de la zonas semiáridas; contribuir a la formación de recursos humanos calificados en la problemática de los recursos naturales; transferir al medio los resultaos de sus investigaciones......”

Sin embargo, detrás de estas palabras escritas como argumentos para la firma del convenio, existía una finalidad primaria subyacente en la mente de los docentes que hacían la propuesta, sintetizada como “una estrategia y oportunidad que tiene como objetivo básico beneficiar el desarrollo del Departamento de Agronomía en los aspectos de docencia, investigación y la formación profesional de sus graduados” algo así como una herramienta más como apoyo agregado hacia ese objetivo de excelencia universitaria. Es decir estábamos en procura de nuevas metas, aunque a veces parecieran lejanas y difíciles de lograr. Sin embargo, encaminarse hacia ellas es el primer paso que conducía a algo que ni siquiera podíamos imaginar.

Volviendo nuevamente la mirada hacia atrás, la creación de un instituto o cualquier otra entidad no aparece por generación espontánea de la nada, es el resultado de situaciones que se van madurando en función de las relaciones humanas a veces casuales, que van apareciendo como piedras fundacionales. En el caso del CERZOS, evidentemente una de esas etapas previas de empuje fue la aparición del Laboratorio de Fisiología y Ecología Vegetal (LAFEV), dicho Laboratorio fue el resultado de un grupo de Fisiologós-ecológos vegetales que se desempeñaban en el quinto piso de Agronomía: el Dr. Gustavo A. Orioli, Dr. Roberto E, Brevedan, Dr. Néstor R. Curvetto y quien escribe. Todos pedíamos subsidios para nuestros proyectos, y un buen día la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) de la provincia de Buenos Aires, y un poco más tarde el CONICET (estamos en la década del 70), nos dijeron algo así como: ¿Porqué en vez de pedir subsidios sobre temáticas parecidas no se juntan y piden uno grande. Que culpa teníamos nosotros… ellos nos incitaron,,,!!! Y así, por resolución del Departamento de Agronomía del cual yo era el Director, apareció el LAFEV. Y hasta nos compramos nuestra propia camioneta, en sus puertas decía LAFEV-Agronomía. Era un Chevrolet segunda mano que durante años anduvo por los campos.

Un recuerdo radiante de esa época, para mí y estoy seguro que para todos, eran la reuniones que teníamos los sábados a la mañana en el quinto piso el grupo de docentes jóvenes que inventamos el LAFEV, con mucha mística, que trabajábamos muchas horas y disfrutábamos de de un ambiente estimulante, y al que se sumaron luego varios chicos. En un momento dado hasta teníamos como grupo nuestras propias becas, e inclusive logramos con el apoyo del Departamento la adjudicación de cinco becas de la Organización de de Estados Americanos (OEA) para estudios de posgrado en los Estados Unidos, en donde nosotros elegimos el candidato y la universidad. Los becarios de ese entonces son hoy investigadores de carrera y docentes universitarios.

Una de las cosas más lindas que nos animaba, y eso ahora con la objetividad que dan los años, era que parecía existir una filosofía de vida académica que se ajustaría a una frase que anda por allí que dice “dar de sí antes que pensar en si” de mucho apoyo mutuo dentro del grupo y para todo aquel que se acercara. Esto es parte de lo que yo mencionaba cuando uno mira hacia la penumbra de los años transcurridos que aparecen como iconos de cosas selectas.

Pero ya más tarde, y con más ambición surgió el sentimiento de “¿Porqué no hacer algo mas importante y mayor trascendencia?” Mirando alrededor había otros institutos y nosotros en el Departamento teníamos gente capacitada. Es así que se propone la creación del CERZOS como posible nuevo Instituto de la UNS. Empero, el tema era mucho más complejo, requería otro tipo de gestiones a mas alto nivel. En la oportunidad, tuvimos el privilegio de contar en ese entonces con el apoyo de una persona muy inteligente que confió en nuestra propuesta, el Rector de la Universidad Licenciado Ricardo Bara, que gestionó ante el CONICET la firma de creación del CERZOS. El Presidente del CONICET era en ese momento el Dr. García Marcos.

Encaminarse al desarrollo de una iniciativa de este tipo es el primer paso hacia algo que posiblemente ni siquiera podemos imaginar. La existencia de un Centro asociado al CONICET abrió puertas antes inexistentes. Un presupuesto propio, y la oportunidad de acercar recursos económicos para investigación, equipamiento y construcciones (laboratorios, invernáculo) por caminos alternos nacionales e internacionales que no hubieran existido. Entre otros extranjeros, sobresalieron los de miles de dólares de la Comunidad Económica Europea, los del Banco Internacional de Desarrollo, la Agencia Internacional de Promoción Científica del Japón (JICA). Brindo la oportunidad de incorporar investigadores y personal de apoyo al sistema científico local ajenos al presupuesto de la Universidad. En su conjunto este aventura se traduce en poco años en cientos de trabajos nacionales o internacionales publicados o comunicados sobre temas locales, que pusieron el nombre ce la UNS alrededor de todo el mundo. Siendo una parte significativa de este hecho las tesis de postgrado de jóvenes graduados. Actualmente el instituto cuenta con algo más de cincuenta miembros entre investigadores y personal técnico auxiliar, varios de ellos además docentes de la UNS.

A lo largo de de mis más de 20 años como Director del CERZOS mi gestión han sido fácil y a menudo estimulante y enriquecedora. Estimo que no puedo soslayar que este hecho se debe a haber contado con la colaboración de comisiones asesoras docentes e investigadores de alta calidad académica, y que en la múltiple complejidad de lo administrativo de todos los días, con la asistencia inteligente de cuatro personas, en casos desde siempre, cuyo nombre no puedo dejar de transcribir: Silvia Díaz, Viviana González, Paula Zavaloy y Elvira García.

Quizás realmente, no tienen mucha clase todas las gestiones, trámites, sinsabores y alegrías, creo que lo más importante es sentir que no lo hemos hecho en vano, que es meritorio y que vale la pena continuar. El objetivo fundacional de enriquecer académicamente el Departamento de Agronomía y la Universidad a través de una entidad de investigación es el que ha primado. Este objetivo fundacional a quedado impreso en el Instituto y ha persistido y enaltecido bajo la dirección posterior del Dr. Néstor R. Curvetto y la actual de la Dra. Viviana Echenique.

Bahía Blanca, 10 de Septiembre 2020

Osvaldo A. Fernández
Profesor extraordinario Consulto
Universidad Nacional del Sur

 

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